Estamos asistiendo a los últimos capítulos de una presidencia marcada, desde sus comienzos, por la demora, la lentitud y la falta de transparencia, una dinámica que parece mantenerse hasta el final.
El pasado 22 de agosto cesó en sus funciones y, cuarenta días después, seguimos sin disponer del acta firmada. Un retraso especialmente llamativo, más aún cuando está a punto de superar el tiempo que tardó su predecesor en una situación similar.
Su permanencia se prolongó durante meses, hasta que los propietarios tuvieron que organizarse para exigir la convocatoria de una Junta. Y no fue un 25 %: se alcanzó un 26,57 % de representación, mal que les pese reconocerlo.
Ahora, una vez finalizadas sus funciones, tampoco parece haber prisa por cerrar esta etapa y facilitar el relevo.
Santa Clara necesita dejar atrás esta dinámica, recuperar la normalidad y empezar a afrontar, de una vez, los muchos asuntos que tiene pendientes