

Hemos pasado de tener un servicio de jardinería económico y con un resultado espectacular, a disparar el gasto para terminar con el estado actual: una supuesta “pradera” convertida en un erial, donde las malas hierbas crecen mejor que el propio césped.
Quizás antes era cuestión de suerte… o quizás había otros timoneles. Porque, visto lo visto, ahora parecen ser “las liendres” las que devoran nuestro césped… y nuestro presupuesto.
