Intrusismo en Santa Clara

Vecinos y vecinas, intrusismo que padecemos ha evolucionado de categoría “anécdota veraniega” —con sus habituales especialistas en piscina y ascensor de acceso libre a la playa— a convertirse en un modelo avanzado de gestión del espacio común: el acceso abierto sin necesidad de tarjetas, ni permiso alguno.
Lo más admirable del sistema es su estabilidad en el tiempo y pese a ser un problema reiterado, la respuesta de la Junta sigue siendo la inacción. Una estrategia tan simple como eficaz, que consigue que nada cambie mientras todo se deteriora.
Eso sí, la parte operativa del invento recae, como es tradición en los conserjes, quienes ante la ausencia de instrucciones se ven obligados a innovar. Su contribución más destacada al sistema suele ser mantener la puerta trasera peatonal abierta, elevando así el concepto de seguridad a su versión más contemporánea: la confianza ciega en el civismo espontáneo.
El resultado es digno de observación sociológica: visitantes ocasionales que descubren “por casualidad” el acceso a la playa, otros que preguntan con absoluta naturalidad por dónde se entra, y finalmente todos ellos integrándose con fluidez en el uso de unas instalaciones privadas que tienden a confundirse con un servicio público no declarado.
Un ejemplo perfecto de cómo la falta de gestión no elimina el problema: simplemente lo externaliza… y lo democratiza. (Adjuntamos imágenes)